Disfrutar también es cuidarte

Las vacaciones siempre llegan como ese descanso tan esperado. Días sin tarea, sin horarios fijos, sin tanta presión. Es normal querer relajarse, salir, divertirse y aprovechar cada momento al máximo. Pero también es justo en esa sensación de “libertad total” donde muchas veces nos olvidamos de algo importante: cuidarnos a nosotros mismos.

Porque sí, en vacaciones todo se siente más relajado… pero eso no significa que debamos bajar la guardia.
Y no solo hablamos de cuidarse físicamente, sino de mantener el criterio, la conciencia, y el respeto por uno mismo, aunque el ambiente o las redes digan lo contrario.

Internet

Hoy más que nunca, los mensajes que consumimos videos, trends, reels, stories nos bombardean con la idea de que disfrutar es igual a descontrolarse: que si no estás en una fiesta, tomando o probando algo nuevo, te estás perdiendo de la “verdadera” diversión. Que si no grabas todo, no existió. Que si no te dejas llevar, no estás aprovechando tus vacaciones.

Pero, seamos honestos… ¿eso es disfrutar de verdad?
Muchas veces, detrás de esas imágenes “perfectas” que se suben a redes, hay situaciones que nadie muestra: presión de grupo, inseguridades, consumo de sustancias, problemas emocionales, riesgos innecesarios.

Cuidarte no significa aburrirte

Significa saber cuándo parar, a quién seguirle el paso y a qué decir que no.
Significa reconocer lo que necesitas para sentirte bien contigo, no lo que otros esperan que hagas para encajar.

Y eso también es parte de crecer: entender que no todo lo que brilla en redes es real, y que tu bienestar está por encima de cualquier moda.
Tu tiempo de descanso también puede ser un tiempo para reconectar contigo, para elegir mejor, para escucharte sin el ruido de afuera.

Toma decisiones conscientes

Así que sí, vive tus vacaciones. Sal, ríe, explora, duerme, baila si quieres, desconéctate un rato… pero no te olvides de ti.
No te desconectes tanto que pierdas de vista lo que vale: tu salud, tu paz, tus decisiones, tu bienestar.
Este descanso es tuyo, y tú decides cómo vivirlo. Cuídate, cuida a los tuyos y comparte este mensaje con quienes también necesiten una pausa, pero sin perderse en el camino.
Vacaciones sí, pero sin dejar lo más importante de lado: tú.

Ser joven en tiempos de validación (y vapeo)

Ser adolescente no es fácil. El cuerpo cambia, la mente se llena de dudas, las emociones se desbordan. Todo ocurre a la vez. Es como estar en medio de una tormenta sin un mapa. Y en medio de ese caos, aparece una necesidad urgente: encajar.

Gustar. Ser parte. No quedar fuera.

Y es que, en esta etapa, pertenecer parece una cuestión de supervivencia. Sentirse parte del grupo puede doler más que cualquier otra cosa… especialmente cuando no lo logras.

Por eso muchas decisiones, que desde fuera parecen pequeñas, en realidad cargan con mucho peso. Como vapear “solo por probar”. Como tomar “porque los demás lo hacen”. Porque si no lo haces, pareces invisible.

Pero eso que empieza con una calada para sentirte parte, puede transformarse en algo más grande. En un hábito. En una dependencia.

Hoy, vapear entre adolescentes no es raro. Es común. No por placer, sino por presión. Por la creencia de que eso te hace ver “cool”, te da pertenencia, te da lugar.

Y lo mismo pasa con el alcohol. Muchas y muchos lo ven como parte de lo cotidiano, porque así lo han aprendido desde casa.

Entre enero y mayo de 2025, más de dos mil estudiantes de primaria y secundaria en Sinaloa nos compartieron lo que viven. De esos 2,461 adolescentes, uno de cada cinco dijo tener amistades que ya consumen drogas.

Casi 8 de cada 10 dijeron que en su casa se consume alcohol. Imagínate lo que eso significa: crecer viendo que el consumo forma parte del día a día. Y aunque conocen los riesgos, 14% de ellos afirma que sí lo consumiría, y otro 24% simplemente… no está seguro.

Entonces, ¿de verdad es solo una moda?, ¿una elección personal?

La verdad es que no. Es el entorno. Las amistades. Lo que se vive en casa. Todo eso influye.

Pero también hay otra verdad: decir “no” es posible.
Y más aún, decir “sí” a ti mismo. A cuidarte. A elegir distinto.

¿Y si ser tú mismo fuera más fuerte que cualquier presión?
¿Y si lo valiente fuera ser diferente?

La adolescencia no debería doler. Mucho menos por intentar encajar.
Y tú no tienes que dañarte para pertenecer.

– Vapear no te hace parte.
– Saber decir que no, sí.

Situaciones traumáticas y su relación con el riesgo de adicciones: comprender para superar

Las situaciones traumáticas, como el abuso, la violencia, la pérdida de un ser querido o eventos de gran impacto emocional, pueden tener efectos fuertes en la salud mental y emocional de una persona. Muchas veces, quienes pasamos estas experiencias no sabemos cómo lidiar con el dolor y el sufrimiento que dejamos atrás. Sin el apoyo adecuado, el estrés y las emociones no procesadas pueden convertirse en un terreno fácil para el desarrollo de adicciones.

¿Qué es lo que sucede?

Cuando alguien pasa una situación traumática, el cerebro y el cuerpo reaccionan de diferentes maneras. En algunos casos, las personas buscan aliviar el sufrimiento a través de sustancias o conductas adictivas, ya que temporalmente pueden ofrecer un escape o un alivio a las emociones intensas. Sin embargo, esto solo alarga el ciclo del dolor y la dependencia, sin abordar la raíz del problema. Es importante entender que las adicciones no son simplemente un comportamiento impulsivo o un problema de falta de fuerza de voluntad; son una respuesta a un dolor emocional profundo y a veces, invisible.

¿Qué hacer en esos casos?

Con el acompañamiento adecuado, la psicoterapia, y el fortalecimiento de nuestras habilidades emocionales, es posible superar las huellas que dejan los traumas. Es crucial crear conciencia sobre cómo los traumas no resueltos pueden impactar nuestra vida, y reconocer la importancia de buscar apoyo profesional en momentos de vulnerabilidad.

Existen muchas alternativas para prevenir y tratar las adicciones que nacen de traumas pasados, como la terapia cognitivo-conductual, la intervención temprana y el apoyo de grupos de ayuda. También es importante rodearse de un entorno saludable y de personas que brinden apoyo emocional. 

Recordemos que la clave está en reconocer el dolor, pedir ayuda y nunca perder la esperanza. La recuperación es posible, y todos tenemos la capacidad de sanar, reconstruir y vivir una vida llena de bienestar y esperanza, lejos de las sombras de las adicciones.

La depresión en la niñez y adolescencia: un llamado a la acción

El 13 de enero conmemoramos el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, un trastorno emocional que afecta a aproximadamente 280 millones de personas en todo el mundo y que se ha convertido en la principal causa de discapacidad global. Este padecimiento se caracteriza por un estado de ánimo bajo y la pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban, persistiendo durante largos periodos.

En la niñez y adolescencia, la depresión es un problema de salud mental especialmente grave, con el potencial de dejar profundas consecuencias en el desarrollo y bienestar de quienes la padecen. Esta etapa de la vida trae consigo cambios significativos, como la transición a la pubertad, la escolarización y la formación de relaciones sociales, factores que pueden agravar el impacto de la depresión. Entre sus manifestaciones más comunes se encuentran sentimientos de tristeza y desesperanza, irritabilidad, dificultad para concentrarse, alteraciones en el sueño y el apetito, y pérdida de interés en actividades que antes generaban placer.

Si no se aborda de manera adecuada, la depresión en niñas, niños y adolescentes puede abrir la puerta a otros problemas, como las adicciones a sustancias. En un intento por aliviar su malestar, algunos jóvenes recurren al consumo de alcohol, tabaco u otras drogas, buscando un alivio temporal que, lejos de solucionar el problema, incrementa los riesgos de adicción. Este consumo puede crear un círculo vicioso, afectando la química y estructura del cerebro y desregulando la capacidad emocional del joven para enfrentar su vida diaria.

Intervención y prevención: caminos hacia el bienestar

La intervención temprana es clave. La terapia psicológica adaptada a las necesidades del menor, combinada con medicación supervisada por especialistas cuando sea necesario, puede marcar la diferencia. Además, fomentar hábitos saludables, como mantener contacto con seres queridos, practicar actividades físicas, retomar hobbies sanos, y asegurar una buena alimentación y sueño regular, es esencial para el autocuidado.

Los padres, educadores y profesionales de la salud juegan un papel crucial al identificar los signos de depresión y brindar el apoyo necesario. Reconocer que la salud mental está profundamente relacionada con la prevención de adicciones es fundamental. Los comportamientos observables son solo la punta del iceberg, y detrás de ellos se encuentran necesidades emocionales y sociales que deben ser atendidas.

Sociedad Educadora: herramientas para la prevención

En Sociedad Educadora creemos que la prevención salva vidas. Por ello, desarrollamos el taller Momento de Decisión Consciente, enfocado en prevenir el consumo de drogas y fortalecer los factores de protección en el entorno familiar. Este taller ofrece a madres y padres de familia herramientas para mejorar la comunicación, promover un ambiente protector y acompañar a sus hijos e hijas en los retos y oportunidades propios de la niñez y la adolescencia.

En esta etapa, los adultos somos guías esenciales en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes. Asumir nuestra responsabilidad es solo el primer paso; brindar apoyo, amor y herramientas adecuadas hace la diferencia en su camino hacia un crecimiento pleno y saludable.

Referencias bibliográficas

Organización Mundial de la Salud. (2023, 31 marzo). Depresión. Recuperado el 9 de enero de 2025 de https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression

La importancia de la prevención temprana y los derechos de los niños, niñas y adolescentes

La infancia y la adolescencia son etapas cruciales en la vida de las personas, en la cual, se presentan constantes cambios. Por esta razón, es importante conocer y analizar el entorno en el cual los niños, niñas y adolescentes se desenvuelven, ya que, las directrices y formas de actuar también cambian en estas etapas.

Todas las personas poseemos sueños, pensamientos, motivaciones, pero también conductas, muchas de estas aprendidas durante los primeros años de vida. En este periodo se establecen las bases físicas, emocionales y sociales que definen la vida adulta. Por ello, es crucial que los derechos de los niños, niñas y adolescentes sean protegidos y promovidos para garantizar que puedan desarrollarse de manera saludable, segura y digna, ayudando a preservar su desarrollo de forma armónica, tanto en el aspecto físico, psicológico, moral y social.

Los niños, niñas y adolescentes tienen derechos fundamentales que deben ser respetados en todo momento. Estos derechos no solo incluyen la protección frente a abusos y violencia, sino también el derecho a la educación, salud y el amor, para asegurar que los menores vivan en condiciones dignas y tengan las oportunidades necesarias para desarrollarse plenamente.

La familia es el primer espacio donde los niños/as aprenden sobre sus derechos y aprenden a ejercerlos, sin embargo, existen comunidades o personas que desconocen los derechos, y es aquí donde las comunidades deben ofrecer un entorno en el que estos derechos se respeten y protejan. En este sentido, el Estado tiene la responsabilidad de crear leyes y políticas públicas que promuevan la equidad y la protección, y de asegurar que los servicios de salud, educación y bienestar social estén disponibles para todos los niños y niñas sin distinción alguna.

Los derechos no siempre se implementan, pero, existen diferentes programas, instancias, que ayudan a las personas y llegan a lugares con estas necesidades y ayudan a proteger y/o promover dichos derechos. En Momento de Decisión Aprende, el programa en el que trabajamos en Sociedad Educadora para la prevención de adicciones es una de estas. Es importante el trabajo en conjunto con padres, madres de familia, maestras/os y directivos de las escuelas e instituciones que se visitan con este taller.

Las adicciones en la sociedad actual representan un problema de gran relevancia, ya que las conductas adictivas no solo afectan a quienes las padecen, sino también a sus familias, entorno social y la comunidad. A través de la prevención, es posible reducir significativamente los riesgos y las consecuencias negativas de adicciones, promoviendo un estilo de vida saludable y equilibrado para las personas.

Una de las principales razones por las cuales la prevención es fundamental es que las adicciones están estrechamente relacionadas con la salud mental. La prevención permite desarrollar habilidades de afrontamiento más efectivas, como la inteligencia emocional, el autocontrol y la resiliencia, reduciendo así la vulnerabilidad a caer en conductas adictivas.

La adicción, ya sea a cualquier tipo de droga o conductas adictivas como el abuso de la tecnología, puede poner en peligro los derechos de los niños, niñas y adolescentes y afectar negativamente, limitando las oportunidades de desarrollo pleno y de calidad para los menores. Es por ello la importancia de la intervención temprana que ayuda a los menores a fortalecer diferentes aspectos que contribuyen también a proteger sus derechos más fundamentales, como el derecho a la salud, a la educación y a vivir en un entorno seguro y amoroso.

Una gran oportunidad para promover estos derechos es el 20 de noviembre, ya que se conmemora como el Día Mundial de la Infancia, en honor a la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos del Niño en 1959 y a la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989.

La prevención de las adicciones y la protección de los derechos de los niños y niñas son dos pilares fundamentales para el bienestar de las generaciones futuras. La prevención de las adicciones no solo ayuda a evitar que los niños se enfrenten a situaciones de riesgo relacionadas con el consumo de sustancias, sino que también contribuye a proteger sus derechos más fundamentales. Intervenir con estrategias preventivas y estrategias que fortalezcan la sana convivencia escolar, familiar y comunidad es esencial para garantizar que todos los niños, niñas y adolescentes puedan desarrollarse plenamente y vivir una vida libre de adicciones y de sus efectos perjudiciales y con ello una vida plena.

Referencias

Naciones Unidas. (s. f.-b). Día Universal del Niño. Recuperado el 13 de noviembre de 2024, de https://www.un.org/es/observances/world-childrens-day

Jóvenes y redes: ¿por qué no podemos desconectarnos?

Nuestro celular es parte de la vida diaria, más que una herramienta de trabajo es parte de uno, pero, ¿hasta qué punto?

Los jóvenes se sienten cada vez más dependientes del celular y de las redes sociales, porque estas plataformas se han convertido en su principal forma de conexión con el mundo. Ahí encuentran amistades, comparten intereses y reciben una validación que a menudo buscan. Cada like, comentario o mensaje les da una sensación de pertenencia, lo que hace que quieran seguir conectados constantemente. 

Las redes sociales también ofrecen una forma rápida y fácil de entretenimiento y distracción, lo que puede hacer que se vuelvan parte esencial de la rutina diaria.

¿El dilema?

Entre la juventud se ha normalizado la idea de adaptar una personalidad según la red social: “En Facebook soy divertido porque comparto memes”, “en Instagram soy perfecto porque subo fotos cuidadas”, y “en TikTok soy creativo porque hago videos llamativos”. Cada plataforma crea una expectativa distinta, lo que lleva a los jóvenes a mostrar diferentes versiones de sí mismos, ajustándose a las normas no escritas de cada red social. 

Esta dependencia no es solo para socializar o entretenerse, sino también para construirse una imagen pública e idealizada, lo que puede generar ansiedad, estrés, depresión, e incluso, llegar a hacer o probar caminos nada buenos, sobre todo si se compara con otros que parecen tener una vida más interesante o exitosa.

Más que un estilo de vida, llega a ser una necesidad

Las redes ofrecen la posibilidad de estar conectados 24/7, lo que fomenta el miedo a perderse algo, conocido como FOMO (por sus siglas en inglés, «fear of missing out», en español: “miedo a perderse de algo”). Esta necesidad de estar siempre al tanto de lo que hacen los demás genera una creciente dependencia, donde cada notificación refuerza ese sentimiento de pertenencia del que ya hemos hablado.

Todo con moderación, incluso la tecnología

Aunque las redes sociales pueden tener puntos positivos, como conectarnos con personas de todo el mundo o permitirnos expresarnos, es importante que la juventud aprenda a equilibrar el tiempo en línea con la vida real. 

Desconectarse de vez en cuando puede ayudar a recordar lo valioso que es disfrutar del momento presente sin estar pendientes de una pantalla.

La comunicación asertiva como factor de protección

La adolescencia es una etapa crucial en el desarrollo de cada persona. Durante este periodo, se experimentan una diversidad de cambios físicos, psicológicos, sociales y emocionales que ponen a prueba la capacidad del adolescente para enfrentar y resolver desafíos. Un aspecto esencial de esta etapa es la búsqueda de la individualidad y el deseo de profundizar en sus propios intereses, así como de identificarse con sus iguales. Esto suele implicar un distanciamiento considerable de la familia, a diferencia de la infancia, cuando la cercanía y la comunicación con los padres eran más prominentes.

Con la comunicación se logra expresar ideas y sentimientos, es de las formas más comunes de interacción, sin embargo, puede escasear en los hogares de familias con adolescente, lo que a menudo revela dificultades o tensiones que alteran la convivencia entre sus miembros.

¿Qué consecuencias provoca una comunicación no asertiva?

Influye en el estado emocional, las conductas y actitudes perjudiciales, el desempeño escolar y las relaciones con personas cercanas, haciéndolos vulnerables a factores de riesgo, como el consumo de sustancias.

Tenemos entonces que, la familia se convierte en un ambiente desfavorable, ocasionando que las y los adolescentes busquen la aprobación y seguridad en otros grupos, exponiéndose a factores de riesgo como lo es el consumo de drogas. Una gran alternativa a esta situación es buscar lograr una comunicación asertiva para dar un giro positivo a la interacción entre padres y adolescentes.

Tomando la vulnerabilidad como punto de entrada, al faltar una comunicación asertiva en esta etapa, las y los adolescentes son proclives a tomar decisiones erróneas al estar expuestos a personas que buscan causarles un mal, no medir las consecuencias de sus acciones, seguir o hacer actos para encajar con un grupo a sabiendas que no están de acuerdo y tienen dudas o temores.

¿Cómo se logra?

Tomando una actitud calmada en donde se comunique con claridad el mensaje, ser directo y claro al expresar las ideas, de igual manera escuchar a la otra persona y respetar su punto de vista, hablar con un tono de voz que denote seguridad y serenidad, poner atención a los gestos y comportamiento de la otra persona, no dejarse llevar o reaccionar de manera abrupta, generar confianza para que de esta manera el mensaje llegue de manera correcta.

¿Qué beneficios brinda una comunicación asertiva?

El adolescente tendrá herramientas y convicciones adecuadas para poder hacer frente en el momento que se le presenten situaciones adversas o complicadas donde las experiencias, conocimientos y valores de una comunicación asertiva ayuden a tomar mejores decisiones basadas en un aprendizaje positivo satisfaciendo sus necesidades emocionales.

La comunicación asertiva permite exteriorizar opiniones y puntos de vista de manera directa, clara y respetuosa hacia otra persona, con el fin de expresar con total confianza los pensamientos e ideas que ayudan a fortalecer las relaciones entre los miembros de un grupo. Asimismo, se establece una postura férrea ante los estímulos exteriores, de personas o grupos que pueden aprovecharse de esta fragilidad del adolescente.

Adultocentrismo: es hora de darle voz y poder a niñas, niños y adolescentes

“Cuando ganes tu propio dinero, podrás opinar”, “eres joven, no sabes”.

Joven, ¿cuántas veces has escuchado estas frases en la vida cotidiana?

Adulto, ¿alguna vez las escuchaste en tu juventud?

Es momento de detenernos y reflexionar: ¿qué es el adultocentrismo?

La Unicef, en su informe Superando el adultocentrismo (2013), señala que «el adultocentrismo se basa en ciertos privilegios por el hecho de ser adulto porque la sociedad y su cultura así lo han definido”.

Dicho esto, la sociedad ha ido ubicando la imagen del adulto como la autoridad que impone reglas y decisiones a las generaciones más jóvenes, incluso cuando no siempre está en lo correcto. Al mismo tiempo, se ha establecido la idea de que las opiniones de niños, niñas y adolescentes no tienen el mismo valor que las del mayor. Desde temprana edad, aprendemos que las ideas y conocimientos parecen tener importancia solo cuando alcanzamos la adultez, mientras que las voces de los y las más jóvenes son menospreciadas.

¿Cómo sé que estoy practicando el adultocentrismo?

Frases como “no sabe nada” o “es solo un niño, no entiende” son reflejos claros de esta actitud, al mostrar cómo subestimamos el valor de lo que niñas y niños piensan. Del mismo modo, expresiones como “se hace así porque yo soy el adulto” o “no se discute más” imponen la autoridad sin espacio para el diálogo, lo que puede afectar su autoestima y apagar su curiosidad. Estas actitudes contribuyen a crear personas más vulnerables, con dificultades para tomar decisiones, que podrían estar más expuestas a situaciones de riesgo.

Y ojo, esto no significa que debamos permitir que niñas y niños hagan lo que quieran o no establecer límites claros en su crianza y comportamiento. Hay una gran diferencia entre establecer límites con respeto —como decir “no lo hiciste bien, déjame te ayudo”— y hacerlo de manera irrespetuosa, como con frases que les quitan el derecho a expresar su opinión, del tipo “no lo haces bien, quítate, no puedes hacer nada bien”. La clave está en educar con respeto y guía, no en imponer desde la desvalorización.

Generación en marcha: escuchar y avanzar juntos

La brecha generacional también juega un papel crucial en esta discusión, reflejada en frases como “estos jóvenes de ahora y sus ideas”. Es hora de hacer un cambio real en la forma en que entendemos a las nuevas generaciones. Como sociedad, debemos dejar atrás el adultocentrismo y abrir espacios donde niñas, niños y jóvenes puedan expresarse libremente, ser escuchados y participar activamente en la toma de decisiones. No solo tienen ideas valiosas, sino que aportan una perspectiva fresca y esencial para enfrentar los retos actuales.

No se trata de «darles un lugar», sino de reconocer que ya lo tienen, y que su voz es clave para construir un futuro más justo e inclusivo. Es fundamental dejar de subestimar sus capacidades y, en su lugar, ofrecerles oportunidades para desarrollarse, crecer y proponer. Si aspiramos a una sociedad más equitativa y humana, necesitamos que las y los más jóvenes lideren el cambio.

¡Es momento de confiar en ellos y en todo lo que tienen para ofrecer!

Referencias bibliográficas:

UNICEF. (2013). Superando el adultocentrismo: Una propuesta para mejorar las relaciones intergeneracionales. UNICEF Uruguay. https://www.imageneseducativas.com/wp-content/uploads/2019/02/Superando-el-Adultocentrismo.pdf

Relación de familia, estilos de crianza y adicciones

El entorno familiar es profundamente relevante en el desarrollo del ser humano, tal importancia es aún más marcada en la etapa de la adolescencia, dados los cambios que se presentan en esta y la vulnerabilidad que estos cambios conllevan.

Y hablando en específico del consumo o no de sustancias psicoactivas en nuestros niños, niñas y adolescentes, es innegable la influencia de los distintos modelos de educación en las familias, como los modelos permisivos que están predominando en la educación, que lamentablemente están arrojando resultados alarmantes en este tema.

Estudios realizados al respecto, señalan que la relación de una dinámica de conflictos entre padre, madre y adolescente con el consumo de sustancias en el entorno familiar, arrojan datos importantes sobre la posibilidad de consumo de alguna droga.

Como institución, la idea de plantear la prevención de las adicciones desde el ámbito familiar, ya era algo que se estaba gestando, pero tomó mayor importancia como necesidad en el desarrollo del taller Momento de Decisión Aprende, el cual va dirigido a niños, niñas y adolescentes, quienes lo sugieren como medida preventiva a esta problemática, argumentando que a veces la familia oscila entre factor de protección y factor de riesgo, dependiendo que tanta información tengan del tema o que tan naturalizado sea el consumo.  

Momento de Decisión Consciente, es un taller de prevención de adicciones en modalidad para personas adultas, surge con contenidos, que buscan sensibilizar en la importancia de lograr y mantener una comunicación de respeto, amor, limites y todos esos ingredientes que lleven a un mejor desarrollo físico y emocional de niños, niñas y adolescentes.

Se espera que el entorno familiar, sirva para que de ahí emerjan personas conscientes, responsables, prudentes, y habilitadas para relacionarse en la sociedad. No obstante, esto no es definitivo; en muchos casos, es en la familia donde se crean factores desencadenantes de crisis en cada integrante, así como en el sistema mismo, desatando diversas complicaciones, de las cuales no podemos ignorar ni minimizar el caso de las adicciones a drogas.

Es importante que las voces de nuestra niñez y adolescencias sean escuchadas sin juicios, sin estigmas y que en todos los contextos en los que interactúan encuentren escucha, respeto, aceptación, es necesario que esa sea la normalidad en sus etapas desarrollo, para que esto suceda, la parte adulta de la sociedad tenemos que hacer cambios en esos temas, entender que la brecha generacional nos hace ver las mismas problemáticas de forma distinta, desaprender estilos educativos que no nos estén funcionado y abrirnos a nuevas y mejores formas de educación y convivencia, ampliando con esto las posibilidades de obtener mejores resultados de crianza.

La adolescencia como una construcción social

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la adolescencia como el periodo comprendido de los 10 a los 19 años. En este periodo de desarrollo humano, se presenta un constante crecimiento y cambios para la maduración física, sexual, psicológica y desarrollo de identidad.

Mientras que, para Berger y Luckmann, la construcción social se refiere a la creación y mantenimiento de la realidad social por parte de los individuos y grupos a través de la internalización de los patrones culturales y sociales. Ellos argumentan que la realidad social es una invención humana y no una entidad objetiva que existe independientemente de la percepción de los individuos.

La adolescencia como una construcción social se refiere a la idea de que este período de la vida no es simplemente una etapa biológica, sino que está fuertemente influenciada por factores culturales y sociales, si hacemos la pregunta ¿qué es la adolescencia? La mayoría tal vez responderemos, que es una etapa de cambios físicos, emocionales, donde predomina la rebeldía, la baja percepción del riesgo y una falta de toma de decisiones adecuadas en otras palabras una etapa difícil por la que todos y todas pasamos como seres humanos.

Sin embargo, lo anterior descrito es solo una construcción que hemos hecho de los y las adolescentes como población, también encasillando a esta etapa como algo catastrófico, bajas expectativas y de muchos estigmas. 

La juventud necesita que los miremos desde una perspectiva positiva y como un proceso natural del desarrollo, ellos y ellas tienen mucho potencial para prepararse para la vida, siempre y cuando sean guiados de la mejor manera, ya que en esta etapa aumenta la búsqueda de la novedad, intensidad emocional, experimentación creativa e implicación social, el no tener un acompañamiento adecuado puede ser un gran factor de riesgo para el consumo y abuso de sustancias adictivas.

Es por ello que desde sociedad educadora con su taller “Momento de decisión consciente” te dan herramientas como padres, madres y cuidadores de niños, niñas y adolescentes para que puedas comunicarte de una manera asertiva con ellos y ellas, esto te servirá como una medida de prevención ante cualquier riesgo de adicción. 

Referencias 

Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). La construcción social de la realidad: Un tratado en sociología del conocimiento. Amorrortu.