Adicciones son una carga mayor para quienes menos o nada tienen

Es necesario redoblar esfuerzos para elaborar y poner en práctica políticas y programas que respondan a las necesidades específicas de los distintos grupos de población  

En economía, los bienes de consumo son las mercancías o servicios con los que puede satisfacerse una necesidad humana, como una casa o un alimento.

En el caso de personas enfermas de alguna adicción, el alcohol y otras drogas también constituyen bienes de consumo, cuyos niveles de uso suelen ser superiores en poblaciones de alto poder adquisitivo.

Sin embargo, los problemas por su abuso de drogas afectan más a los pobres. 

Pero si también hay personas con alto nivel de ingreso con adicciones, ¿cómo es que esto afecta más a los que menos tienen?

Esta paradoja está asociada a factores como: 

· Un mayor deterioro en la salud en general, debido al consumo de sustancias de menor calidad.

· Una mayor carga económica derivada de la adquisición de sustancias.

· Menor accesibilidad a servicios, ya sea de salud o para su tratamiento.


El impacto múltiple de las adicciones

El abuso en el consumo de drogas impacta en múltiples esferas de las personas enfermas con alguna adicción. 

-Afectan el desarrollo económico y social.

-Aumentan los costos de atención a la salud al asociarse con lesiones.

Se relaciona con más de 60 enfermedades infecciosas, como VIH o hepatitis.

-También se relaciona con padecimientos crónicos, como cirrosis, cáncer y enfermedades de salud mental.

-Tienen una manifestación visible en diferentes formas de violencia que puede estar asociada con el crimen organizado, con actividades delictivas vinculadas con la adquisición de drogas en el mercado ilegal o inducidas por la intoxicación con sustancias psicoactivas.

El consumo de drogas en las poblaciones marginadas puede ser más intenso, lo que las expone a un mayor riesgo de sufrir daños de forma continua, recaídas y otros efectos conexos en la salud. Los diferentes hábitos de consumo de drogas y el acceso dispar a los servicios agravan la desigualdad en la prestación de tratamiento.


Los problemas de drogas pueden ser globales, pero no afectan a todo el mundo por igual

Teniendo en cuenta la gravedad de los daños y las disparidades existentes al acceder a los servicios que afectan a determinados grupos de población que consumen drogas de forma más intensiva, en Sociedad Educadora planteamos que:

Es necesario redoblar los esfuerzos para elaborar y poner en práctica políticas y programas que respondan a las necesidades específicas de los distintos grupos de población.

Es importante adaptar los programas a las personas sin hogar, a quienes prestan servicios sexuales, a las personas que han sufrido un trauma y a otras personas que se enfrentan a obstáculos para acceder a los servicios, como las personas con comorbilidades adicionales de salud mental, las que están o han estado encarceladas y las mujeres embarazadas. 

Es preciso asumir compromisos políticos y financieros que permitan ampliar intervenciones capaces de atajar las desigualdades estructurales y económicas.

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Mujeres, consumo de drogas y tratamientos, ¿cómo es esta relación?

La proporción de consumo de estimulantes tipo anfetamínico y el uso no médico de productos farmaceúticos es mayor en las mujeres, según Informe Mundial de la ONU

El Informe Mundial Sobre Drogas 2023 (UNODC, 2023) de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) arroja los siguientes datos: el cannabis sigue siendo la droga más consumida, con una estimación de 219 millones de usuarios (4.3% de la población adulta mundial) en 2021.

El uso de la droga está aumentando y aunque a nivel mundial alrededor del 70% de consumidores de cannabis son hombres, la brecha de género se está reduciendo en algunas subregiones, como en América del Norte donde las mujeres representan el 42% de usuarios de mariguana.

Las drogas más consumidas por mujeres

El uso de drogas ha sido visto históricamente como un tema dominado por los hombres, pero los datos recientes muestran que, en algunos países, las mujeres están usando ciertas drogas a igual nivel o en mayor proporción que los hombres.

Se estima que, en 2021, 36 millones de personas consumieron anfetaminas y 22 millones consumieron cocaína; la proporción de consumo de estimulantes tipo anfetamínico (el 45% de los usuarios son mujeres) y el uso no médico de productos farmacéuticos (entre 45% y 49%) es mayor en las mujeres. En contraste, la cocaína y los opiáceos tienden a ser más usados por los hombres.

El consumo y la brecha de género

El género es un factor condicionante para el uso y abuso de sustancias, entendiendo los patrones de comportamiento que llevará a las mujeres a consumir. El abuso de las drogas es un problema que repercute de manera diferente en la vida y la salud de las mujeres. Una gran parte de ellas han sido educadas para dedicarse a otras personas, relegando sus propias necesidades.

El estigma y discriminación que sufren aquellas que padecen algún trastorno relacionado al consumo de drogas, hace que no se acerquen a pedir la ayuda que necesitan. La presión social es más fuerte sobre las mujeres que sobre los hombres en cuanto a las expectativas sociales y mandatos de género. Para nosotras, el consumo de sustancias está más penalizado y sancionado socialmente

“Las mujeres se enfrentan a distintos obstáculos a la hora de acceder a los servicios de tratamiento del consumo de drogas: en 2021, el 45% de las personas que habían consumido estimulantes de tipo anfetamínico en el último año eran mujeres, pero sólo el 27% de las personas que recibieron tratamiento son mujeres”, describe la UNODC.

 

En el marco de la cooperación regional, la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) actualizó la Estrategia Hemisférica sobre Drogas en 2020. De esta forma, se sujeta a los países miembros —entre ellos, México— a desarrollar una política de drogas bajo los enfoques de salud pública y de seguridad. Dicha política también debe reconocer las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad: mujeres, niñas, niños y adolescentes.

El uso de drogas tiene muchas dimensiones y en el caso de las mujeres, la información disponible es mucho menor que la de los hombres y sin información no es posible generar políticas públicas que abonen a la prevención de consumo de drogas basada en evidencia y con perspectiva de género.
Desde Sociedad Educadora, sabemos que es una necesidad seguir generando conocimiento, es por eso por lo que contamos con un Diagnóstico de Adicción a las Drogas en Sinaloa en vías de actualización, el cual, además de compartirlo de manera pública, es un ejercicio que sirve para crear iniciativas que contribuyan a la prevención de adicciones basada en evidencia.

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¿Por qué los jóvenes son vulnerables al consumo de drogas?

La población juvenil es la más vulnerable al consumo de drogas y también la más afectada por los trastornos derivados de su consumo

Según el Informe Mundial Sobre Drogas 2023, recién publicado en junio de este año, los jóvenes son  el grupo más vulnerable al consumo de drogas. A nivel mundial, en 2021, la prevalencia anual del consumo de cannabis entre personas de 15 a 16 años era del 5.34% frente al 4.3% en el caso de los adultos.

El consumo de drogas es especialmente perjudicial para los jóvenes

Comencemos hablando sobre la vulnerabilidad física a la que un niño, niña o adolescente está expuesto debido a que, en la etapa en la que se encuentra, su cerebro está en continuo desarrollo y cambio.  El efecto de las drogas sobre el cerebro de los adolescentes es especialmente peligroso por la sensibilidad de las zonas en desarrollo como la región prefrontal, la cual está implicada en el razonamiento, la toma de decisiones y el control emocional, esa evolución podría explicar también por qué los adolescentes valoran mal los riesgos y tienen dificultades para controlar sus impulsos agresivos.

En su tránsito hacia la madurez adulta muchos adolescentes presentan problemas y asumen riesgos mal calculados, como conductas agresivas, consumo de drogas o relaciones sexuales sin protección.

“Aunque sobre los 12 o 13 años el cerebro tiene ya un tamaño, plegamientos y especializaciones regionales comparables a las del adulto, investigaciones han demostrado que, incluso así, a esa edad, todavía le queda un largo camino para madurar”.

(Nacional Institute of Mental Health, in Bethesda, 1991).

 
En algunas regiones, los jóvenes se ven más gravemente afectados por trastornos por consumo de sustancias: particularmente en México, hablando de drogas legales, las y los jóvenes comienzan el consumo de alcohol en casa y esto hace que se normalice dicha conducta. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2020 sobre COVID-19, 20 millones de personas enfrentaron adicción al alcohol, con frecuencia se trata de quienes comenzaron a beber a los 13 o 14 años de edad en promedio. 

La evidencia científica muestra que la interacción de diversos factores como familia, escuela, amigos, el espacio físico y el aspecto socioeconómico, aumentan la vulnerabilidad y riesgo de una persona al consumo de sustancias psicoactivas y a desarrollar trastornos relacionados con el abuso de drogas como el alcohol, tabaco, marihuana, entre otras.

¿Tienes niñas, niños y adolescentes en casa?
Evita el consumo de bebidas alcohólicas frente a ellos y con esto podrás brindarles factores de protección que los alejen de los trastornos derivados de consumir drogas.