“Más de 58 mil niñas, niños y adolescentes en Sinaloa necesitan atención por salud mental”, alertó recientemente el director del Hospital Psiquiátrico de Sinaloa. Esta cifra —tan dura como reveladora— nos obliga a preguntarnos: ¿estamos realmente cuidando a nuestras infancias? ¿seguimos limitándonos a celebrarlas con fiestas, dulces y discursos que no tocan la raíz del problema?
La salud emocional de niñas y niños no puede seguir como un tema de atención secundario. Cada dato y cada historia cuentan. Hace unos días, en el municipio de Eldorado, 12 alumnos de primaria resultaron intoxicados tras consumir alimentos y bebidas durante un festejo escolar. Aunque la mayoría fue dada de alta, una niña de seis años fue trasladada al Hospital Pediátrico de Sinaloa. La Fiscalía ha iniciado una investigación para determinar el origen de la sustancia que causó la intoxicación. Mientras tanto, el hecho enciende una alerta sobre los entornos a los que están expuestas nuestras infancias: si ni en la escuela pueden estar seguros, ¿dónde sí?
Ser niña o niño hoy implica crecer entre exigencias, saturación de estímulos, desinformación, violencia normalizada y una constante falta de escucha emocional. No basta con cuidar el cuerpo: también hay que sostener el alma, proteger el desarrollo emocional, y fortalecer la autoestima y la capacidad para pedir ayuda.
La empatía hacia la niñez exige presencia, no condescendencia. Requiere que los adultos dejemos de mirar con filtros y empecemos a actuar con compromiso: creando espacios donde puedan expresarse sin miedo, aprendan a gestionar lo que sienten y se sientan acompañados, no juzgados.
Desde Sociedad Educadora, asumimos con claridad este desafío. Nuestro trabajo está guiado por la convicción de que todas las infancias —sin importar si están en escuelas públicas o privadas— merecen acceso a programas de prevención y formación socioemocional. Por eso, implementamos modelos de intervención universal que fortalecen su capacidad de decisión, su conciencia emocional y sus redes de apoyo.
Porque cuidar a las infancias no es tarea de un solo día. Es una responsabilidad cotidiana que nos involucra a todas y todos. Y desde nuestro quehacer social, seguiremos trabajando para que cada niña y cada niño tenga la oportunidad de crecer en entornos que los miren, los respeten y los acompañen a ser plenamente ellos mismos.










